Karoshi: muerte por trabajo

Karoshi: muerte por trabajo

Los japoneses se dedican en cuerpo y alma a su empresa a la que consideran una forma de vida y parte de su familia. Su adhesión a ella les hace muy dependientes y su nivel de aguante llega a límites sobrehumanos. Cuando pierden su empleo se encuentran desvalidos y se sienten avergonzados, a lo que tienen que añadir la presión social soportada.

Los abusos laborales en forma de salarios mínimos, jornadas eternas, horas extras no remuneradas o la negativa voluntaria de tomarse vacaciones, están a la orden del día. Muchas personas siguen siendo pobres a pesar de tener uno o dos empleos, y algunos viven en cibercafés por no poderse pagar una vivienda. Otros trabajan tanto que duermen en la oficina.

La sobrecarga de trabajo, el cansancio, la falta de sueño y el estrés llevan a que haya miles de muertes prematuras (karoshi) al año en Japón. Estas se dividen en muertes por exceso de trabajo (derrames cerebrales, crisis cardíacas) y suicidios.

Los suicidios por estrés laboral suponen un tercio de los suicidios anuales en Japón. Sufren una de las mayores tasas de suicidios del mundo, que además es la principal causa de muerte de los hombres de entre 20 y 44 años. La evidencia sugiere que los jóvenes se suicidan porque tienen sus esperanzas perdidas y no son capaces de buscar ayuda.

Otro aspecto de la cultura japonesa es el no quejarse ni expresar ira o frustración. Cuando los jóvenes sienten presión y se deprimen, algunos consideran como única salida el aislamiento social, conocidos como hikikomoris. Cientos de miles de japoneses de entre 20 a 30 años son hikikomori, se encierran en su habitación durante meses o años.

Respecto a los suicidios, el método más utilizado es el ahogamiento seguido por intoxicación. Uno de los métodos que menos se usa, pese a la creencia generalizada, es el de arrojarse a las vías del tren, en este caso la familia del fallecido está obligada a pagar los gastos por los daños producidos. La rápida linea Chuo de Tokyo tiene fama de ser la más popular entre los suicidas.

El bosque Aokigahara, en la base noroccidental del Monte Fuji, también es destino de decenas de suicidas cada año. En este bosque hay carteles que tratan de disuadir a los suicidas de que se quiten la vida recordándoles el amor de la familia e invitándoles a pedir ayuda. Es uno de los múltiples esfuerzos de las autoridades para cambiar esta situación.

El suicidio se lleva practicando en Japón desde hace casi mil años, en muchos casos se consideraba una salida honorable. Uno de sus ejemplos es el Seppuku o Harakiri, en el que un hombre se abre a si mismo el vientre con un tanto, o cuchillo japonés. Los samurái solían practicar este ritual para morir con honor, bien por haber cometido un acto indebido, por haber perdido a su maestro, para evitar ser capturado por el enemigo…

Otro tipo de suicidio famoso es el de los kamikaze de la Segunda Guerra Mundial, estos pilotos de aviones japoneses estrellaban sus aviones contra posiciones estadounidenses en Pearl Harbor.

Las muertes en el trabajo son un gran problema nacional y el gobierno japonés intenta cambiar la mentalidad que relaciona el suicidio con el honor e impulsan medidas que limiten las horas trabajadas en las empresas. Aunque en algunos casos las empresas no obligan al empleado a quedarse más horas y son los mismos trabajadores quienes así lo deciden para no romper el status quo o para cobrar horas extra.